VEJEZ
Vejez
Se denomina vejez al período último de la existencia humana, aquel que se encuentra cercano con la inexorable muerte. La vejez se ha extendido con el paso de los años como consecuencia de las mejoras en el plano de la salud, circunstancia que ha posibilitado una mejora en las condiciones de vida. La vejez se caracteriza por la finalización de la actividad laboral o al menos una disminución considerable de este tipo de actividad. Es el período en el que el organismo tiene mayor posibilidad de padecer diversas dificultades y es por ello que los gastos en salud se incrementan. Esta etapa ha sido tomada de diversas maneras a lo largo de la historia, siempre en relación con la cultura que se esté considerando.
La vejez implica, además de un proceso biológico, una determinada circunstancia considerada desde el punto de vista social. En efecto, en el pasado, sobre todo en algunas civilizaciones puntuales, la vejez era considerada con mucho respeto. En efecto, los líderes de los distintos grupos humanos se caracterizaban por tener una importante suma de años a cuesta, circunstancia que garantizaba que tuviesen una experiencia lo suficientemente importante como para garantizar seguridad al grupo. No obstante, es importante señalar que lo que en estas épocas pretéritas se consideraba vejez es harto distinto de lo que hoy consideramos como tal. En efecto, si consideramos la esperanza de vida de aquellos tiempos, vemos que en aquellos momentos una persona de cuarenta años ya se consideraba anciana.
La circunstancia más relevante desde el punto de vista de esta etapa de la existencia es el hecho de que se acentúa la proximidad de la muerte. Esta circunstancia hace que la persona atravesando este período tenga toda una serie de experiencias interiores que sean un verdadero desafío de confrontar.
La tercera edad es una etapa vital que, en parte a causa del aumento de la esperanza de vida, cubre un proceso de evolución que puede llegar a ser muy largo, con muchas variaciones y muchas variables a tener en cuenta.
Es por eso que resulta útil hablar sobre las fases de la vejez, dado que ofrecen una categorización aproximada acerca de las necesidades especiales, los patrones de comportamiento más habituales y las características biológicas de estas etapas.
Prevejez: 55 a 65 años
La prevejez es la antesala de la etapa vital en la que varias de las funciones corporales ven menguada de un modo más o menos drástico su capacidad para seguir trabajando tal y como lo venían haciendo antes.
Cambios físicos
En esta etapa es frecuente que los patrones de sueño queden alterados, disminuyendo significativamente el número de horas que se necesita dormir cada noche. También es frecuente que aparezcan alteraciones en la retención de grasas y un tipo de digestión más lenta y pesada. La masa muscular, por el contrario, acostumbra a atrofiarse de manera significativa.
En las mujeres, la prevejez llega aproximadamente con la finalización de la menopausia, la cual genera una seria de alteraciones hormonales que afectan tanto mediante síntomas físicos como otros de carácter emocional vinculados a cómo se experimenta este evento.
Cambios psicológicos
En esta fase de la vejez, al contrario de lo que se cree, ni se acostumbra a sufrir una crisis ni disminuye el nivel de felicidad. Sin embargo, sí que cambia el modo de pensar.
En concreto, es frecuente que aparezca un patrón de pensamiento melancólico en el que empieza a verse la vida a través de los recuerdos, lo que se vivió en el pasado. Las comparaciones entre lo que ocurrió hace años y el aquí y ahora son muy frecuentes.
Por otro lado, aquellas personas con vida familiar activa pueden exponerse al síndrome del nido vacío, por el cual los hijos o hijas abandonan el hogar y aparece soledad y, a veces, aburrimiento.
Vejez: 65 a 79 años
La vejez “pura” es la etapa de la vida en la que se consolida tanto el debilitamiento de funciones biológicas como un estilo psicológico basado en la revisión del pasado y la experimentación con los recuerdos.
Cambios físicos
Aparecen problemas posturales y debilitamiento de huesos, lo cual puede producir dolor o incluso que no se puedan realizar grandes esfuerzos. Los problemas de digestión, en muchos casos, se acentúan, así como el riesgo de experimentar varios tipos de cáncer.

Además, tanto la visión como la audición suelen resentirse, lo cual a su vez conlleva un riesgo de tipo psicológico: el aislamiento, dado que cuesta más esfuerzo relacionarse con los demás o incluso participar en conversaciones.
A partir de los 75 años de edad, por otro lado, las personas ya cumplen el perfil de paciente geriátrico siempre que se de algún problema significativo en su calidad de vida como el deterioro mental o la incapacidad de vivir de manera autónoma.
Cambios psicológicos
En esta etapa se consolida el declive de un aspecto importante de los procesos mentales: el nivel de inteligencia. Más concretamente, es la inteligencia fluida, la que tiene que ver con la agilidad mental y la generación de nuevo conocimiento partiendo desde cero, la que se ve más afectada, mientras que la inteligencia cristalizada se preserva mucho mejor en la mayoría de adultos sanos de esta edad.
Ancianidad: 80 años en adelante
La ancianidad es la última etapa de la vejez, y supone un cambio cualitativo tanto en la evolución física como en la psicológica.
Cambios físicos
En esta fase las alteraciones posturales y la fragilidad de huesos y articulaciones se acentúan, lo cual puede llevar a reducir significativamente la autonomía de las personas. El resto de problemas de salud también siguen su progresión, haciéndose sensiblemente más frecuentes en esta fase.
Cambios psicológicos
En esta fase el peligro por aislamiento social se acentúa, dado que, por un lado, la cantidad de amistades decae a causa de la frecuencia con la que se dan las muertes, y por el otro la falta de autonomía suele hacer que las salidas del hogar y los encuentros se den más raramente. El tiempo libre acostumbra a ser ocupado con actividades relativamente contemplativas, como la lectura o la jardinería.
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